Llega la noche, pero tus piernas no descansan
Apagás la luz y la sensación regresa: las piernas no se quedan quietas. No es falta de sueño; es que tu cuerpo no te deja dormir.
Dormiste las horas, pero amaneciste igual de cansado
Las pocas horas que dormís nunca alcanzan. Amanecés pesado y sabiendo que esta noche se repite.
Un cuerpo que aún no descansó
Tus piernas cargaron con todo el día. Y cuando por fin te recostás, siguen tensas, como si nunca hubieran parado.
La calma que tus piernas estaban esperando
Un masaje suave con la crema antes de acostarte relaja tus piernas y calma esa sensación de inquietud. Un gesto simple para volver a descansar como antes.
